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miércoles, 15 de abril de 2015

Sabio, Fama [Alegoría], Envidia [Alegoría]

Non tace invidia quando gloria crida (Cats IV, XIX. 1632: 53)




Nuevo emblema dedicado a la Envidia, aunque esta vez compartiendo protagonismo con la Fama. La Envidia es una mujer con cabellos serpentinos (imagen que ya nos había presentado Cesare Ripa) que vive en una oscura cueva, un locus inamoenus que recuerda el "palacio sucio de negra sangre de la Envidia. Está oculta en las profundidades de un valle su casa privada de sol, no accesible a ningún viento, triste y repleta de un frío entumecedor y que siempre está vacía de fuego y siempre llena de bruma" (Ovidio, Metamorfosis II, 760-764. 2004: 270).  

La Envidia acompaña irremediablemente a la Fama, y es su compañera inseparable. El lema, "No guarda silencio la Envidia cuando la Fama vocea", está basado en el adagio latino "Virtutis comes invidia" ("La virtud es compañera de la envidia"), que conocemos por el Sophologium (VI, 27. 1480: 99v) del agustino Jacques Legrand (c.1360-1425) y que Jean Tixier incluyó en sus famosos Epitheta ("Invidia", 1524: 218). Cf. Virtutis et gloriae comes invidia (Pierre Lagnier, "Illustres quaedam sententiae", en Ciceronis sententiae, 1559: 259).

La gloria alcanzada levantará, en general, las envidias del pueblo; así Séneca aconseja al hombre sabio guardarse de los envidiosos. Para ello ha de demostrar cierta habilidad y sutileza: ha de mostrarse cercano al pueblo, abandonando la arrogancia, pero sin caer en el menosprecio: "Algunas vezes es de dubdar y de temer al pueblo. [...] Assí el sabio se guarda de la potencia que le puede dañar, pero fazerlo ha ssí, sabia y cautamente, que la gente no entienda porqué lo faze, [...] porque entre ellos que una cosa demanda o un oficio quieren siempre hay embidia y enemistad. [...] Acerca desto, segund los antiguos, devemos esquivar tres cosas: enemistad, embidia y menosprecio; quiero dezir que nos devemos guardar que por nuestra culpa no seamos mal quistos ni que otros hayan embidia de nos, y que no seamos despreciados de la gente. Esto cómo podrá fazerse: la sapiencia sola te lo mostrará, porque quando nos queremos desviar y esquivar la embidia, fagamos en guisa que no seamos muy dubdados ny muy temidos, es empero grave cosa de fazer de saberse hombre en tal manera temprar y contener, que no cay[g]amos en desprecio y vileza, y en tanto que nos no queramos ser sobrados ni despreciados de otro" (Séneca, Epístola XIV. 1510: 11v).

Según se cuenta, "En el tiempo del rey Cambises fue el poeta Simónides, que fue muy claro y sabio varón. Éste una vez seyendo preguntado por uno cómo podría huyr [de] la malicia de los embidiosos, respondió: No teniendo nada ni haziendo grandes y notables fechos, ca del tal non ha ninguno embidia" (Fernán Pérez de Guzmán, Mar de istorias, XXII. 1512: 10v-11). Efectivamente, como dijo san Basilio, "el único alivio de este mal es la ruina de alguno de aquellos a quienes se tiene envidia".

Poderosa es la Envidia, como recuerda nuestro emblemista en palabras de Ovidio, Summa petit livor. "La envidia acomete a las alturas, los vientos soplan con violencia en las cimas; los rayos que lanza la diestra de Júpiter hieren a las cumbres" [Summa petit livor, perstant altissima venti / Summa petunt dextra fulmina missa Iovis]. "Es tan esento el vicio de la embidia que no ay omenage que no escale, ni muro que no derrueque, ni mina que no contramine, ni potencia que no resista, ni hombre a quien no acometa. Si en un hombre solo se hallasse la hermosura de Absalón, la fortaleza de Sansón, la sabiduría de Salomón, la ligereza de Azael, las riquezas de Cresso, la largueza de Alexandro, las fuerças de Héctor, la eloquencia de Homero, la fortuna de Julio, la vida de Augusto, la justicia de Trajano, y el zelo de Cicerón, téngase por dicho, que no será de gracias tan dotado quanto será de embidiosos perseguido" (Antonio de Guevara, Epístolas familiares, "Letra para don Diego de Camiña, en la qual se trata cómo la embidia reyna en todos". 1530: 65v).

lunes, 13 de abril de 2015

Arquero, Flecha, Envidia [Alegoría]

Invidia sibi poena (Schoonhoven LXIII. 1618: 187-190)



                    Livorem refugae ferunt sagittae                    
                    Σοφοι consimilem; sagitta quid                    
                    Collimet solidi, resultat, et non                    
                    Scopum, sed miserum ferit magistrum.                    
                    Sic et pectore masculo, et cachinnis                    
                    Spretus invidus, in suum retorquet                    
                    Sagittas animum, sibique poena est;                    
                    Quisquis invidia movetur, ille                    
                    Scopum praebuit invidi sagittis.


Perteneciente al Emblemata del holandés Florens Schoonhoven (1594-1648), se presenta un emblema dedicado a la envidia, donde está dibujado un arquero que ha resultado herido por sus propias flechas, ante la atenta mirada de la Envidia; el título del emblema, "La envidia es su castigo", anticipa la declaración del epigrama:

Quienes se gozan en la envidia lanzan flechas, creyéndose diestros arqueros; y con flechas aparentemente certeras, aunque lanzadas sin puntería, acaban, lamentablemente, ellos mismos heridos. Así, ante las risas de la despreciable envidia, que logra desviar el curso de la flecha, recibe el masculino pecho su propio castigo. A quien mueve la envidia, resulta una diana expuesta a sus propias flechas.

En efecto, el envidioso, como declara Ovidio (Metamorfosis II, 783) hiere y se hiere al mismo tiempo, como una lima que desgasta y se desgasta (Covarrubias, 12); en palabras de san Basilio "Y lo que tal vez podrá alguno alabar en este mal es, que quanto es mayor la vehemencia de esta pasión, tanto más grave se hace al que adolece de ella. Al modo que las saetas disparadas con violencia se vuelven contra el que las dispara; a este modo también los ímpetus de la envidia, sin hacer mal ni daño al envidiado, se vuelven las plagas contra el mismo envidioso" (Basilio, "Contra la envidia". Homilías, 1796: 209).

A este respecto traemos el fragmento de un poema que el humanista italiano Giulio Cesare Scaligero dedica a la ciudad de Amberes, en la traducción de Cristóbal Calvete de Estrella (El felicissimo viaje, 1552: 224v):

          "Quántos pueblos me miran rostrituertos, y de mal ojo 
          tantas saetas de mortal Embidia parece que me tiran".    


sábado, 11 de abril de 2015

Lima, Yunque, Envidia [Alegoría]

Carpit, et carpitur una (Covarrubias I, 12)



                  La embidia miserable y ponçoñosa, / Su propio coraçón está royendo,
                  Del plazer de su próximo raviosa, / Se va visiblemente consumiendo,
                  O lima sorda, esquiva y escabrosa, / Tus dientes gastas quando vas mordiendo
                  La superficie del hazero fuerte, / Que a él das lustre y a tí das la muerte.



               "Este lugar es común, y ansí no tengo para qué estenderle. Para sinificar la embidia es muy a propósito la semejança de la lima de los herreros que gasta el hierro, y ella juntamente se va gastando; vínole a cuento la letra de Ovidio lib. 2. Metamorfosios. "Carpit, et carpitur una". En la octava se declara lo que basta para poderse entender" (Covarrubias 1610: 12)

El lema, "Devora y se devora a la vez", se extrae, como señala el propio autor, del conocido pasaje donde Ovidio nos describe a la Envidia (Metamorfosis, II, 783). Ésta se representa tradicionalmente como una Vieja, acompañada de serpientes y devorando su propio corazón, como queda reflejado en la pictura del emblema.

El autor compara los dientes de la lima, que desgastan y se desgastan al mismo tiempo, con los dientes de la Envidia, que se consume en su propio veneno. "De qualquier manera ganaste trabajo y enbidia, [...] pues qué otra cosa no hizo sino ofrecerte a los dientes de la enbidia" (Petrarca, De remediis, 46. 1510: 95). Idea en la que insiste Hernán Núñez, en suss comentarios a las Trezientas de Juan de Mena: "Y en fin no ha havido ningún singular auctor en qualquier facultad que sea que no aya sentido el diente de la detractora embidia" (copla 33. 1540: 10).

Covarrubias en su Thesoro de la lengua, aludiendo a su propio emblema, nos dice al respecto:

"Embidia. Es un dolor concebido en el pecho del bien y prosperidad agena. Lat. invidia, de in & video, es quia male videat; porque el embidioso enclava unos ojos tristazos y encapotados, en la persona de quien tiene embidia, y le mira como dizen de mal ojo. Y assí descriviendo Ovidio 2 Metamorph. a la embidia al apartarse della la diosa Palas, dize:
          Illa deam obliquo fugientem lumine cernens / Murmura parva dedit, etc.
Su tóssigo es la prosperidad y buena andança del próximo. Su manjar dulce, la adversidad y calamidad del mismo. Llora quando los demás rien, y rie quando todos lloran. El mesmo Ovidio, ubi sup.
          Vixque tenet lacrymas, quia nil lacrymabile cernit.
Entre las demás emblemas mías tengo una lima sobre una yunque con el mote, Carpit, et carpitur una. Símbolo del embidioso, que royendo a los otros, él se está consumiendo entre sí mesmo, y royéndose el propio coraçón. Trabajo intolerable que él mesmo se toma por sus manos; y assí dixo bien Horacio lib. 1 Epistolarum, epist. 2.
          Invidia siculi non invenere tyranni, / Maius tormentum.
Lo peor es, que este veneno suele engendrarse en los pechos de los que nos son más amigos, y nosotros los tenemos por tales fiándonos dellos, y son más perjudiciales que los enemigos declarados. Esta materia es lugar común, y tratada de muchos; no es mi intento traspolar lo que otros han juntado. Quédese aquí" (Covarrubias 1611: 342).

Véase: Alciato 71, Junius 53 y Whitney 2 y 86.